Define primero cómo trabaja tu equipo
Antes de pensar en acabados, cuenta cuántas personas asisten a diario, cuántas reuniones simultáneas hay y cuánto se habla por teléfono. De ahí sale la proporción entre zona abierta, salas y cabinas. Una oficina bonita con pocas salas termina con gente reunida en la cafetería.
Piensa en el ruido desde el principio
El reclamo más común en oficinas abiertas es el ruido. Se controla con cielorrasos y pisos absorbentes, divisiones bien selladas hasta el techo en las salas y ubicando las zonas ruidosas lejos de quienes necesitan concentración.
Revisa tu contrato de arriendo
Verifica qué adecuaciones permite el propietario, cuáles debes retirar al salir y qué exige la administración. Esa información cambia decisiones de diseño, por ejemplo preferir sistemas desmontables.
Aprovecha para lo que no se ve
Con los techos abiertos es el momento de ordenar cableado, marcar circuitos y renovar luminarias. Hacerlo después implica volver a abrir. Si solo necesitas refrescar la imagen, puede bastarte nuestro servicio de pintura de oficinas.